No cabe duda que Jesús es un signo de contradicción; lo quieren matar por la fuerza de sus palabras, por lo extraordinario de sus obras. Eso hace dos mil años. Y hoy igual ¿por qué? las cosas del Señor, sus palabras, sus obras, suelen tocar y cambiar el corazón y el cambio que nos pide es radical, y todo cambio cuesta.
Y eso es lo que a veces el ser humano no tolera: ese cambio que interpela, ese cambio que confronta, ese cambio que sacude; por eso querían matar a Jesús, por eso quieren matar a la Iglesia, por eso quieren contradecir al Papa, por eso quieren ‘matar’, entre comillas, ¿verdad? a todo quien represente ese cambio.
Y digo entre comillas porque a lo mejor en nuestros lugares no nos quieren matar, pero en muchos lugares claro que quieren matar a toda persona que represente cambio, que interpele; porque ese cambio de corazón, es decir, pasar del odio al amor, de la guerra a la paz, del egoísmo al servicio, de la superficialidad a la profundidad, del materialismo a la sencillez, de la maledicencia a la benedicencia, de la avaricia a la generosidad, del desaliento a la esperanza, de la incredulidad a la fe; ese cambio de corazón es ese cambio que Cristo predica, ese cambio de corazón es el que Cristo te pide; es el cambio que nos pide hoy Cristo; es el cambio que Cristo obra en cada corazón que se acerca a Él.
Como vemos, Cristo no pide nada y lo da todo. Hoy usar el corazón nuevo, ese corazón que ama, sirve y sonríe.